lunes, 30 de abril de 2012

La letra

Me gusta conocer la letra de la gente que me rodea. No porque entienda de grafología ni crea que si Menganita hace la "o" con rabito es porque "tiende a la agresividad en sus manifestaciones emocionales"...simplemente me gusta. En mi etapa escolar (allá por el Paleolítico superior) conocía la letra de todas mis compañeras, era normal. Te enseñabas el cuaderno, los apuntes, los trabajos. Luego, ya en la facultad, mecanografiabas muchas cosas pero los apuntes se tomaban a mano con una caligrafía detestable por las prisas. Pero, aún así, reconocías casi de inmediato de quién eran los apuntes por la letra. Es más, se los pedías a quien sabías que escribía bien, con sus "Ges" bien hechas y sus "Tes" con palito bien cruzado. 
Y si no siempre te quedaban las cartas en verano o las felicitaciones navideñas. Abrías el buzón y, tan sólo con mirar el sobre sabías quién era el remitente que se acordaba de ti.
Pero ahora, con internet, el correo electrónico y, una vez olvidada ya la etapa estudiantil, no conozco la letra de nadie. No sé cómo escribes tú, si rápido o despacio, si marcas la "T" con rabito o le pones punto o círculo a la "i". No sé si haces las "uves dobles" picudas o redondeaditas, ni si haces la "eme" desde arriba o desde abajo. No me importa qué signifique cada uno de estos rasgos; me vas a caer bien (o mal) independientemente de cómo escribas. Simplemente es una reflexión que me hago un lunes por la mañana. Y que ahí dejo.
¿De cuántas personas que nos rodean conocemos la letra? 
Y sí, yo soy de las que marcan la "t", ponen punto (y no círculo) a la "i" y hago las "emes" desde abajo.

sábado, 14 de abril de 2012

Viajes

Hay viajes que te emocionan, que te cansan y te agotan, viajes de los que vienes con más fotos que recuerdos y más maletas que vivencias. Viajes que trastocan tu mundo y te invitan a cambiar de vida; viajes que suponen un punto de inflexión, que te hacen descubrir que hay mucho más allá o, incluso, que hay más allá que aquí.
Y luego están los viajes como del que acabo de "aterrizar" una semana después, con "jet lag" sin haber cogido avión. Un viaje que ha servido para acercarme a mi tierra, tan lejos de aquí y de donde he estado también pero una tierra que sigue siendo mía por mucho que los volantes y la Giralda sean mi preciado día a día. La similitud de mi destino con Madrid ha sido mi gran sorpresa... el color del cielo nublado, la sensación térmica, el asfalto, los bares, utensilios del día a día que hacía tiempo no veía, el acento, las gentes, la supuesta "frialdad" comparada con la supuesta "calidez" del sur.....
Día a día, ha ido creciendo en mi la nostalgia, la morriña tan gallega, en este caso madrileña. Compartir con otra nostálgica esta sensación me ha hecho reafirmarme en mis convicciones, un poco olvidadas ultimamente. Soy una gata en la Giralda, sí. Gateo por el sur y soy feliz. Pero un viaje del que traigo pocas fotos y muchos recuerdos, vivencias, sensaciones, emociones y algún kilo de más  me ha recordado lo básico. Soy de Madrid.